Su cabello castaño caía ligeramente sobre los hombros, reposando en su armadura plateada, sus ojos oscuros miraban la hoja de su espada que sujetaba con la mano derecha, apoyado en la hierba y con su espalda en un árbol limpiaba la sangre seca del filo con una tela empapada en alcohol.
-Buena victoria Axel.
Era un hombre de treinta y siete años, la piel estaba bastante envejecida por el castigo del sol y diversas cicatrices de batalla, una bastante profunda cortaba la ceja izquierda y bajaba hasta el párpado para seguir por la mejilla, otra menos profunda cortaba el labio inferior en dos. Aparentaba a primera vista casi los cincuenta años si no fuera por su espeso pelo oscuro que le cubría parte del rostro y del cuello. Sus brazos aparentaban ser tan fuertes como los de Axel pero su estatura era inferior.
-Gracias Hertz –sonrió y se secó el sudor de la frente para seguir limpiando el arma.
-Quien diría que sólo un batallón compuesto de doscientos soldados conquistaría Sidar –extendió el brazo derecho al hombro de su compañero en señal de afecto -. Eres un gran guerrero y estratega Axel, espero que tomen nota esos inútiles de Mostovika de lo que hoy has logrado aquí.
-Rezaré por ello, tengo muchas ganas de ver a mis hijos y sin un día de permiso en tres meses... es difícil acordarse de sus caras. ¿Acaso no fue por esto por lo que me dejó mi mujer?
-Lamentablemente sí –se quitó el guante derecho y sacó del cinturón una pequeña cantimplora que contenía algo de ron. Pegó un trago y ofreció a su amigo que instintivamente lo rechazo con una sonrisa. – Pero tus hijos seguirán siendo hijos tuyos aunque tardases una década en volver a verlos.
-No me refería a eso Hertz, es difícil luchar por alguien cuando apenas recuerdas su cara.
-A mi no me hacen falta caras –rió pegando un largo trago a la cantimplora -. Lo único que me hace falta es mi hacha, mi paga y alguna ramera al volver a mi casa. Nunca me he casado y dudo que lo vaya a hacer algún día, una mujer que aparte del dinero también quiere tu tiempo no puede ser bueno.
-Mira que eres simple –bromeó enfundando su espada ya limpia y reluciente -. Algún día cuando te veas viejo, solo y arrugado lamentarás no haberte casado al menos una vez.
-Espero que cuando llegue ese día me maten en el campo de batalla. Vivir sin que se te pueda levantar... no es vida. Antes prefiero morir con honor. Y hablando de morir, ¿cuánto tiempo más tendremos que permanecer en este sitio? Como siga aquí un día más me moriré, odio este sitio.
-Mañana llegarán refuerzos de Mostovika y las nuevas órdenes, aguanta un día más y podremos partir –levantó la vista contemplando el paisaje que tenía alrededor, tras el estaba el campo de batalla, a espaldas del árbol, lleno de cadáveres, sangre y cuervos comiendo la carne muerta que salpicaba el paisaje. Delante tenía una hermosa pradera, llena de hierba y salpicada de algunos rosales y dientes de león, de los cuales algunos pétalos flotaban por el aire, un poco más lejos se encontraba un río que procedía de unas montañas al norte y pasaba por Sidar antes de desembocar en el mar unos kilómetros más adelante -. No entiendo por qué no te gusta este lugar, es bastante bonito y tranquilo.
-Odio cualquier sitio en el que no haya fiesta –dio un último trago a su cantimplora y bajó la vista para colocarla de nuevo en el cinturón, descubriendo sangre reciente en la hierba junto a Axel. Alargó la mano derecha, retiró la capa de su rodilla izquierda dejando al descubierto un pequeño corte en la pierna -. Joder Axel, algún desgraciado consiguió rozarte.
-Es el riesgo que se corre luchando, sólo es un rasguño. Iré a que me lo curen –anunció levantándose sin esfuerzo a la vez que su compañero.
-Creo que tendrás que ir a Sidar para conseguir desinfectantes y vendas, llevamos tres semanas sin recibir suministros, les dije a varios soldados que fueran en busca de material para curar a nuestros camaradas pero no se cuanto tardarán.
-Hertz, sabes de sobra que tenemos prohibida la entrada a las ciudades que hemos liberado recientemente.
-Yo me paso las normas de la capital por la entre pierna –maldijo emprendiendo la marcha hacia la entrada de la ciudad, Axel pronto comenzó a andar tras su amigo -, también nos prometieron grandes recompensas, que no nos faltarían suministros y días libres, en cambio aquí estamos a medio millar de kilómetros de casa, luchando día tras día sin descansar, sin apenas provisiones para alimentarnos ni curarnos y eso sin mencionar que llevo dos semanas sin meterla en nada que no sea un retrete. Que les jodan a esos malditos burócratas y todas sus leyes.
-Cálmate amigo, tan sólo es un rasguño, puedo esperar unas horas para curármelo junto con los demás soldados –intentó calmarle acelerando el paso.
-No es eso Axel, tú te has dejado la piel tanto como yo para liberar esta ciudad y como mínimo te mereces algún trato especial, así que esa herida se va a curar ahora mismo como me llamo Hertz Mertel.
Avanzaron entre los cuerpos del campo de batalla espantando a una gran cantidad de cuervos a su paso, los soldados que habían luchado se apostaban cerca de la entrada a Sidar ayudando a los heridos que se encontraban en unas rudimentarias camillas.
La ciudad estaba rodeada de una muralla tallada de piedra, al igual que todas las casas y comercios que había en la propia ciudad. Un arco de piedra de cinco metros de alto y casi tres de ancho componían la entrada junto con una verja de acero que se encontraba ahora levantada. Dos soldados que vigilaban la entrada les miraron fijamente tratando de disuadirles en su marcha pero Hertz aceleró arremetiendo contra ellos.
Una vez dentro se habría una calle ancha que se dividía en muchas otras a ambos lados para dar a calles paralelas a lo largo de la ciudad, conformando un círculo alrededor de la plaza principal de la ciudad.
Las calles estaban llenas de ciudadanos que habían combatido defendiendo su ciudad y ahora atendían sus heridas sus esposas, sus hijos o sus padres. Un hombre mayor que caminaba algo jorobado era ayudado por un chico joven, de dieciséis años y ambos iban rociando la calle con serrín para evitar que la gente se resbalara con la sangre. Cuatro personas con capuchas negras tiraban de un gran carro donde había una montaña de cadáveres, iban y venían de fuera de la muralla a dentro de la ciudad trayendo a los ciudadanos que habían perecido en la batalla.
Algo sobrecogidos por la escena que se encontraron dentro de la ciudad aminoraron el paso tratando de buscar algún comercio donde comprar lo que necesitaban.
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jueves, 17 de septiembre de 2009
lunes, 7 de septiembre de 2009
Derrota, por Alberto.
Ya era de noche cuando Noah Peiten acababa su guardia, se fue directo a la cama, no quería irse de permiso a Wonck como su hermano Arjen, el quería descansar parecía ser el único que se daba cuenta de que estaban en guerra. Estaba esquivo, frío y triste porque sabía exactamente lo que se avecinaba, sólo algunos como el capitán Fadi se daban cuenta de lo que pasaba realmente, pero ni siquiera él podía evitar que los chicos pasaran el calvario de esperar al enemigo a base de alcohol, aunque no le agradase lo mas mínimo. Parecía que Noah ya se estaba acostumbrando y como todas las noches pensaba “que se le va a hacer” y se iba a la cama sin más, pero aquella noche pasaría algo, aquel 10 de septiembre sería una fecha para la historia.
-¡Despierta! ¡Despierta!- gritaba Patrick Discart – sal de la cama ya gandul.
Noah se despertó como pudo y con el uniforme a medio poner se fueron de las literas, sin apreciar bien que estaba ocurriendo, solo escuchaba gritos de dolor, de órdenes y algún disparo, hasta que Patrick le gritó:
-¡Alemanes! ¡Ya están aquí los alemanes!
Noah no podía decir nada, sólo coger un fusil del suelo y echar a correr, era imposible que en las pocas horas que había dormido ya estuvieran aquí, todavía era de noche, además no podía ser que no le despertaran los ruidos de los motores, pero eso ya no importaba, debían huir de allí tan rápido como les fuera posible, si el enemigo ya había entrado en el búnker no tenían nada que hacer. Corrieron por los laberintos, que son los pasillos de los búnkeres hasta llegar a un cruce, en el yacía el capitán Fadi, había sido herido en el estómago, no se podía hacer ya nada por él, estaba muerto. Ni Noah ni Patrick digeron nada, para ambos era la primera vez que veían un muerto, la primera vez que veían los estragos de la guerra. Pero no tuvieron tiempo de asimilarlo cuando de repente vieron pasar un soldado alemán cruzando un pasillo, se paró en seco y se dio la vuelta mirándoles fijamente. Patrick se quedó inmóvil, solo pensaba que iba a morir, sin embargo Noah disparó su fusil instintivamente casi sin apuntar e hirió al enemigo.
Noah no podía dejar de mirar a los ojos a ese soldado, mientras caía herido de muerte un sentimiento le recorría la espalda, ese podía haber sido su hermano, su amigo o cualquiera, cualquiera con padres, hijos, hermanos, etc. No podía creer que esa persona hubiera muerto a sus manos, enseguida se desplomo casi al mismo tiempo que el enemigo abatido. Patrick reaccionó y empezó a gritar a Noah:
- Noah corre, levanta, debemos irnos, no podemos quedarnos aquí ni un momento más - gritaba Patrick mientras le intentaba levantar.
- No puedo levantarme – dijo entre sollozos.
- Tío tenemos que largarnos podemos morir en cualquier momento, mira al capitán.
Noah se levantó, se agarró a Patrick y echaron a correr, sólo se detenían para eludir las batallas y al enemigo, no eran cobardes sólo cumplían órdenes, las del capitán Fadi, eso era lo único que les rondaba la cabeza: “Si llega el enemigo sonara el toque de diana alertando a la tropa, todos deberéis ir a vuestros nidos de ametralladoras a repeler el ataque, si por alguna razón hubiera alguna brecha se dará la retirada, toda nuestra ventaja está en la posición, si entran se acabó”
Lo único que se escuchaba ya eran las explosiones de las cargas huecas utilizadas por el enemigo para entrar en los nidos de ametralladoras, estaban exhaustos, el recorrido de la fortaleza de Eben Emael era bastante extenso pero por fin llegaron a los almacenes.
Allí se encontraba Falco Moos algo magullado y llenando el depósito de un coche.
- ¡Corred, corred! El coche ya está listo – gritaba Falco desesperado.
- Venga arranca y vámonos – respondía Patrick .
- ¿Dónde están los demás? - preguntó angustiado Falco.
- No lo sé, sólo escuché la voz de alarma, desperté a Noah y salimos corriendo.
- Bien hecho, la mayoría se quedó a defender el puesto, pero lo que no saben es que ya habían entrado y el capitán Fadi ordenó la retirada en tal caso.- dijo Falco mientras salían del almacén a toda prisa.
- Por cierto, el capitán ha muerto – dijo Noah con la mirada perdida.
- Ve hacia Lieja, allí el alto mando nos dirá que hacer- dijo Patrick mientras miraba furiosamente a Noah.
Falco conducía el vehiculo, era muy anticuado, casi de la Gran guerra. Patrick iba de copiloto indicándole la dirección de la ciudad belga, atrás quedaba el fuerte Eben Emael, el gran reducto belga construido para parar cualquier ofensiva, autosuficiente y con un regimiento de hasta 1.200 soldados, aunque esta noche más de 500 estaban de permiso, entre ellos el hermano de Noah, Arjen. Ninguno podía creer que la fortaleza que tardó tanto en construirse tardara tan poco en caer.
- Es imposible que hayan llegado así – dijo Patrick – nadie escuchó sus motores y los vigías habrían visto aviones, coches o cualquier medio de transporte.
- Puede que hayan llegado andando – contestó Noah.
- No – afirmó Falco – han sido planeadores.
- ¿Qué demonios es eso? – preguntó enfadado Patrick.
- Son aviones sin motor, se lo pregunté a uno de los chico mientras huía, decían que eran de madera, que llegaron volando o no se que.
- ¿Como pueden volar sin motor? no lo entiendo – preguntó Noah.
- Se lanzan desde el aire, desde un avión de verdad que los lleva atados, nunca creí que pudieran utilizarse para esto.
- Falco, ¿Cómo es posible que sepas tanto de esos aparatos? – preguntó Patrick.
- Veras, hace tres años fui a Wasserkuppe, en Alemania, donde se disputaba el segundo campeonato del mundo de aeroplanos, consistía en llegar más lejos, pero es imposible, el record de aquella vez fue de unos 300 kilómetros, y para un tripulante, seguramente han llegado desde más lejos y con por lo menos 6 o 7 tripulantes – dijo Falco impresionado.
- Eso ya no me importa, sólo espero que Arjen esté bien – dijo Noah.
- Yo también, aunque creo que deberíamos haber ido hoy a Wonck, seguramente allí podríamos haber escapado de todo esto sólo con cambiarnos de ropa- respondió Patrick resignado.
- No me aliste para escapar Patrick – dijo Falco enfadado.
- Tampoco para morir – le replicó Patrick.
- No, pero todos sabíamos que algún día algo así pasaría, es algo que se debe tener en cuenta, el verdadero soldado debe asumir que ya está muerto, así la distracción de perder la vida no interfiere en su trabajo y con suerte sobrevivirá al horror.
- Estás loco Falco- dijo Noah.
Nadie volvió a hablar en todo el camino, aunque no llegaron a Lieja, sino a un control de carreteras belga. Se bajaron del coche y hablaron con el guardia.
- ¿Tiene una radio? Debemos llamar al alto mando- suplicó Noah.
- Me parece que esta vez no voy a picar mocosos, ya está bien de molestar, estoy harto que a todos los novatos los manden a Eben, siempre vienen aquí a reírse de mi- dijo el guardia.
- Haber de Bruyn- dijo Patrick leyendo su chapa en el torso.
- ¡Sargento de Bruyn soldado!
- Lo siento señor pero debemos avisar al alto mando, los Alemanes acaban de tomar el Eben Emael, no es ninguna broma – gritó Falco.
- ¿Qué? ¿Qué ha caído el Eben? ¿En sólo un día y sin bombardeos? No me hagas reír chico – dijo De Bruyn sarcásticamente.
- ¡Mira! Tú ve a llamar al alto mando e informa, y si resulta ser una broma y que por Dios espero que así sea, yo asumiré todas las responsabilidades- contestó Noah.
El guardia incrédulo se fue hacia la garita, Noah se sentía útil, creyó que aunque había salido huyendo de la batalla lo había hecho para bien y que gracias a ello se salvarían muchas vidas, algo que le calmó pues el sentimiento de culpa por abandonar a sus compañeros le quemaba por dentro, pero de repente ese fuego que empezaba a desaparecer volvió a arder en su pecho, se llevó las manos a este y se mancho de su propia sangre, todo empezaba a ir lento para Noah, veía a Falco y a Patrick, que se llevaban las manos ala cabeza y se arrodillaban, vio como disparaban a De Bruyn por la espalda y solo escuchaba las risas de los jóvenes soldados alemanes a su alrededor, su cuerpo se desplomaba, ya no quería seguir adelante, no tenia fuerzas sólo quería descansar de aquello. No sabia bien que había ocurrido, sólo sabia una cosa, habían sido derrotados.
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-¡Despierta! ¡Despierta!- gritaba Patrick Discart – sal de la cama ya gandul.
Noah se despertó como pudo y con el uniforme a medio poner se fueron de las literas, sin apreciar bien que estaba ocurriendo, solo escuchaba gritos de dolor, de órdenes y algún disparo, hasta que Patrick le gritó:
-¡Alemanes! ¡Ya están aquí los alemanes!
Noah no podía decir nada, sólo coger un fusil del suelo y echar a correr, era imposible que en las pocas horas que había dormido ya estuvieran aquí, todavía era de noche, además no podía ser que no le despertaran los ruidos de los motores, pero eso ya no importaba, debían huir de allí tan rápido como les fuera posible, si el enemigo ya había entrado en el búnker no tenían nada que hacer. Corrieron por los laberintos, que son los pasillos de los búnkeres hasta llegar a un cruce, en el yacía el capitán Fadi, había sido herido en el estómago, no se podía hacer ya nada por él, estaba muerto. Ni Noah ni Patrick digeron nada, para ambos era la primera vez que veían un muerto, la primera vez que veían los estragos de la guerra. Pero no tuvieron tiempo de asimilarlo cuando de repente vieron pasar un soldado alemán cruzando un pasillo, se paró en seco y se dio la vuelta mirándoles fijamente. Patrick se quedó inmóvil, solo pensaba que iba a morir, sin embargo Noah disparó su fusil instintivamente casi sin apuntar e hirió al enemigo.
Noah no podía dejar de mirar a los ojos a ese soldado, mientras caía herido de muerte un sentimiento le recorría la espalda, ese podía haber sido su hermano, su amigo o cualquiera, cualquiera con padres, hijos, hermanos, etc. No podía creer que esa persona hubiera muerto a sus manos, enseguida se desplomo casi al mismo tiempo que el enemigo abatido. Patrick reaccionó y empezó a gritar a Noah:
- Noah corre, levanta, debemos irnos, no podemos quedarnos aquí ni un momento más - gritaba Patrick mientras le intentaba levantar.
- No puedo levantarme – dijo entre sollozos.
- Tío tenemos que largarnos podemos morir en cualquier momento, mira al capitán.
Noah se levantó, se agarró a Patrick y echaron a correr, sólo se detenían para eludir las batallas y al enemigo, no eran cobardes sólo cumplían órdenes, las del capitán Fadi, eso era lo único que les rondaba la cabeza: “Si llega el enemigo sonara el toque de diana alertando a la tropa, todos deberéis ir a vuestros nidos de ametralladoras a repeler el ataque, si por alguna razón hubiera alguna brecha se dará la retirada, toda nuestra ventaja está en la posición, si entran se acabó”
Lo único que se escuchaba ya eran las explosiones de las cargas huecas utilizadas por el enemigo para entrar en los nidos de ametralladoras, estaban exhaustos, el recorrido de la fortaleza de Eben Emael era bastante extenso pero por fin llegaron a los almacenes.
Allí se encontraba Falco Moos algo magullado y llenando el depósito de un coche.
- ¡Corred, corred! El coche ya está listo – gritaba Falco desesperado.
- Venga arranca y vámonos – respondía Patrick .
- ¿Dónde están los demás? - preguntó angustiado Falco.
- No lo sé, sólo escuché la voz de alarma, desperté a Noah y salimos corriendo.
- Bien hecho, la mayoría se quedó a defender el puesto, pero lo que no saben es que ya habían entrado y el capitán Fadi ordenó la retirada en tal caso.- dijo Falco mientras salían del almacén a toda prisa.
- Por cierto, el capitán ha muerto – dijo Noah con la mirada perdida.
- Ve hacia Lieja, allí el alto mando nos dirá que hacer- dijo Patrick mientras miraba furiosamente a Noah.
Falco conducía el vehiculo, era muy anticuado, casi de la Gran guerra. Patrick iba de copiloto indicándole la dirección de la ciudad belga, atrás quedaba el fuerte Eben Emael, el gran reducto belga construido para parar cualquier ofensiva, autosuficiente y con un regimiento de hasta 1.200 soldados, aunque esta noche más de 500 estaban de permiso, entre ellos el hermano de Noah, Arjen. Ninguno podía creer que la fortaleza que tardó tanto en construirse tardara tan poco en caer.
- Es imposible que hayan llegado así – dijo Patrick – nadie escuchó sus motores y los vigías habrían visto aviones, coches o cualquier medio de transporte.
- Puede que hayan llegado andando – contestó Noah.
- No – afirmó Falco – han sido planeadores.
- ¿Qué demonios es eso? – preguntó enfadado Patrick.
- Son aviones sin motor, se lo pregunté a uno de los chico mientras huía, decían que eran de madera, que llegaron volando o no se que.
- ¿Como pueden volar sin motor? no lo entiendo – preguntó Noah.
- Se lanzan desde el aire, desde un avión de verdad que los lleva atados, nunca creí que pudieran utilizarse para esto.
- Falco, ¿Cómo es posible que sepas tanto de esos aparatos? – preguntó Patrick.
- Veras, hace tres años fui a Wasserkuppe, en Alemania, donde se disputaba el segundo campeonato del mundo de aeroplanos, consistía en llegar más lejos, pero es imposible, el record de aquella vez fue de unos 300 kilómetros, y para un tripulante, seguramente han llegado desde más lejos y con por lo menos 6 o 7 tripulantes – dijo Falco impresionado.
- Eso ya no me importa, sólo espero que Arjen esté bien – dijo Noah.
- Yo también, aunque creo que deberíamos haber ido hoy a Wonck, seguramente allí podríamos haber escapado de todo esto sólo con cambiarnos de ropa- respondió Patrick resignado.
- No me aliste para escapar Patrick – dijo Falco enfadado.
- Tampoco para morir – le replicó Patrick.
- No, pero todos sabíamos que algún día algo así pasaría, es algo que se debe tener en cuenta, el verdadero soldado debe asumir que ya está muerto, así la distracción de perder la vida no interfiere en su trabajo y con suerte sobrevivirá al horror.
- Estás loco Falco- dijo Noah.
Nadie volvió a hablar en todo el camino, aunque no llegaron a Lieja, sino a un control de carreteras belga. Se bajaron del coche y hablaron con el guardia.
- ¿Tiene una radio? Debemos llamar al alto mando- suplicó Noah.
- Me parece que esta vez no voy a picar mocosos, ya está bien de molestar, estoy harto que a todos los novatos los manden a Eben, siempre vienen aquí a reírse de mi- dijo el guardia.
- Haber de Bruyn- dijo Patrick leyendo su chapa en el torso.
- ¡Sargento de Bruyn soldado!
- Lo siento señor pero debemos avisar al alto mando, los Alemanes acaban de tomar el Eben Emael, no es ninguna broma – gritó Falco.
- ¿Qué? ¿Qué ha caído el Eben? ¿En sólo un día y sin bombardeos? No me hagas reír chico – dijo De Bruyn sarcásticamente.
- ¡Mira! Tú ve a llamar al alto mando e informa, y si resulta ser una broma y que por Dios espero que así sea, yo asumiré todas las responsabilidades- contestó Noah.
El guardia incrédulo se fue hacia la garita, Noah se sentía útil, creyó que aunque había salido huyendo de la batalla lo había hecho para bien y que gracias a ello se salvarían muchas vidas, algo que le calmó pues el sentimiento de culpa por abandonar a sus compañeros le quemaba por dentro, pero de repente ese fuego que empezaba a desaparecer volvió a arder en su pecho, se llevó las manos a este y se mancho de su propia sangre, todo empezaba a ir lento para Noah, veía a Falco y a Patrick, que se llevaban las manos ala cabeza y se arrodillaban, vio como disparaban a De Bruyn por la espalda y solo escuchaba las risas de los jóvenes soldados alemanes a su alrededor, su cuerpo se desplomaba, ya no quería seguir adelante, no tenia fuerzas sólo quería descansar de aquello. No sabia bien que había ocurrido, sólo sabia una cosa, habían sido derrotados.
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